El verano es un momento de desconexión, pero a veces esa desconexión llega demasiado lejos y el cuidado de la piel queda en segundo plano. Tras semanas de sol, aparecen las consecuencias: la radiación acelera el fotoenvejecimiento, el cloro y la sal deshidratan, aumenta la oxidación celular, las manchas se hacen más visibles y las arrugas más marcadas. Es entonces cuando buscamos un rescate que revierta el daño y devuelva energía a la piel.