Malos hábitos diarios como no llevar a cabo una alimentación equilibrada, abusar de productos ultraprocesados, de las grasas y de las bebidas alcohólicas o irritantes harán que tu piel pierda brillo y pulposidad. Incluso puedes sufrir hasta brotes de acné o dermatitis importantes.
Del mismo modo, la falta de sueño y el estrés pueden propiciar la aparición de bolsas y ojeras, arrugas debajo de los ojos, rojeces, sequedad, tirantez, así como favorecer la deshidratación, dando como resultado un aspecto poco saludable y avejentado de tu piel.
Tu estilo de vida influye directamente en el envejecimiento antes de tiempo de la piel, ya que estos malos hábitos favorecen la inflamación crónica de baja intensidad o inflammaging, que acelera el daño oxidativo.