La elastina es una proteína que conforma el material amorfo central de las fibras elásticas, y participa en la extensibilidad y elasticidad de la piel.
Profundizando algo más en su perfil químico, se trata de una proteína fibrosa insoluble formada principalmente por tropoelastina que contiene abundantes aminoácidos.
Funciona, por hacer una analogía visual, como una goma elástica: cuando gesticulas se tensa, pero cuando el movimiento relaja la tensión vuelve a su aspecto original, sin deformarse ni romperse. Es lo que algunos expertos en combatir los signos del envejecimiento llaman “memoria de forma”, una característica que mantiene la piel firme y tersa.
Sin embargo, la elastina se va perdiendo a lo largo del tiempo mostrando los signos del envejecimiento como una estructura cutánea menos firme y menos elástica. Recuperando el ejemplo de la goma elástica: la piel rebota peor y va perdiendo la capacidad de volver a su estado inicial. Es en ese momento cuando las arrugas se hacen visibles incluso en reposo, es decir, se convierten en estáticas.
Además, factores como la sobreexposición a la radiación solar, el estrés medioambiental, la mala alimentación, el tabaquismo o el consumo de alcohol pueden acelerar su pérdida y provocar lo que conocemos como envejecimiento prematuro de la piel.
Todo ello explica que se la relacione con un rostro de aspecto joven y saludable, junto con otra proteína, el colágeno.