Los factores naturales de hidratación también contribuyen a que la superficie de la piel mantenga un pH ligeramente ácido (en torno a 4,5 - 5,5). Es lo que se conoce como el manto ácido de la piel.
Este entorno dificulta la proliferación de microorganismos patógenos y reduce la reactividad frente a irritantes externos, por lo que una piel con un NMF en forma va a ser más resistente y menos sensible.
Es importante aclarar que el origen del NMF se encuentra en la filagrina, una proteína estructural que, cuando se degrada en el proceso de maduración de los corneocitos, libera los aminoácidos y el resto de compuestos.
Esto explica que las personas con mutaciones en el gen de la filagrina presenten niveles bajos de NMF y su barrera cutánea sea más frágil. Esto puede darse, por ejemplo, en muchos casos de dermatitis atópica.