Las arrugas del entrecejo o líneas glabelares se forman como consecuencia de los movimientos repetitivos al fruncir el ceño, que implican la contracción repetida de los músculos corrugador superciliar y prócer.
Esta contracción mantenida en el tiempo va marcando la piel en sentido vertical entre las cejas. Al principio, se trata de arrugas dinámicas (solo perceptibles cuando gesticulas), pero acaban convirtiéndose en líneas estáticas, que son visibles, incluso, cuando el rostro está en reposo.
Con la edad, como ocurre en otras partes del cuerpo, la piel va perdiendo colágeno y elastina, dos componentes esenciales para su firmeza y elasticidad.
Esto provoca que, tras una contracción muscular, como es fruncir el entrecejo, la piel no sea capaz de recuperar su forma original favoreciendo la aparición arrugas.
Asimismo, existen otros factores de riesgo que pueden acelerar el proceso como la herencia genética de una piel más propensa a la formación de líneas de expresión, la exposición a la radiación solar sin protección que daña las fibras de colágeno, o bien, estados crónicos de tensión constante y malos hábitos de vida como fumar.
De igual modo, una falta de hidratación y cuidados faciales adecuados va a empeorar la condición de la piel.