Durante los tratamientos para combatir el cáncer, como la quimioterapia, radioterapia, cirugías o terapias dirigidas, la piel puede mostrar signos de fragilidad, sequedad y sensibilidad aumentada. Esto se debe a que pierde parte de su capacidad para retener agua, se vuelve más fina y propensa a irritaciones, y puede reaccionar con enrojecimiento o cambios en la pigmentación.
Así pues, la piel puede manifestar irritaciones, picor, grietas y una sensación de tirantez constante. Para ser más concretos y tal y como recoge la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), en función del tratamiento las consecuencias pueden ser las siguientes:
- Alteraciones en la piel y las uñas como picores, prurito o eritemas
- Xerosis
- Alteraciones en la pigmentación
- Fotosensibilidad
Por ello, incorporar cuidados diarios adaptados a la piel durante el tratamiento es fundamental: ayudan a prevenir molestias, mantener la hidratación, proteger la barrera cutánea y potenciar la confianza y bienestar emocional.