Las células madre vegetales son aquellas que están implicadas en el crecimiento de la planta. Cuentan con la capacidad de regenerarse de manera continua y participan en la renovación de los tejidos y en su crecimiento.
Se encuentran en lo que se conoce como tejidos meristemáticos y son igualmente capaces de crear organismos enteros.
En otras palabras, se trata del equivalente a las células madre de los animales y los humanos que hacen que cada planta sea única, como si se tratase de una huella dactilar.
Se aplican en dermocosmética gracias a la biotecnología y dependiendo de la planta de la que se extraigan, pueden combatir el fotoenvejecimiento, aportar firmeza o restaurar la matriz celular, entre otras propiedades.
En el mismo orden de cosas, participan en la reparación y regeneración de los tejidos, en algo así como un proceso de reparación de la piel desde el interior.